Casa natal de León y Castillo

Casa natal de León y Castillo

Juan de León y Castillo, hermano

Juan de León y Castillo, hermano

Reunión de los Caballeros de la Real Orden del Toisón de Oro

Reunión de los Caballeros de la Real Orden del Toisón de Oro

Asamblea Nacional del Congreso de los Diputados

Asamblea Nacional del Congreso de los Diputados

León y Castillo y amigos

León y Castillo y amigos

León y Castillo

Firma de León y Castillo

Una de las figuras más relevantes de la política española de los siglos XIX y XX fue, sin duda alguna, el grancanario Fernando de León y Castillo (Telde 1842- Biarritz 1918).

Sus padres, José María León y Falcón y Josefa del Castillo-Olivares Falcón, dedicaron sus esfuerzos en facilitar tanto a su hijo mayor Juan como al pequeño Fernando una educación adecuada. Desde su más tierna infancia, y debido especialmente a su madre, Fernando entró en contacto con el mundo de la lectura gracias a los libros pertenecientes a su familia, a través de los que se fue familiarizando hasta comenzar sus estudios de enseñanza primaria.

Se formó al igual que su hermano en el extinto Colegio de San Agustín de Las Palmas de Gran Canaria, donde ingresó como interno en el año de 1854. En las aulas de este centro educativo, lugar donde se forjó lo más granado de la futura burguesía grancanaria. Recibió Fernando una sólida educación humanística de la mano de sabios profesores como Antonio López Botas entre otros, que les instruyeron en materias tales como Latín, Filosofía, Lengua francesa, Historia, Geografía, o Matemáticas, destacando por sus dotes literarias. En estos años de niñez y adolescencia entablará amistad imperecedera con Benito Pérez Galdós, con quien años más tarde se trasladará a Madrid, una vez terminados los estudios en el Archipiélago, para estudiar leyes.

Al llegar a Madrid, León y Castillo inicia sus estudios universitarios matriculándose en la Facultad de Derecho de la Universidad Central. Entre 1860 y 1868 es testigo y partícipe de los acontecimientos sociales y políticos del momento. En el plano cultural asiste las tertulias del Café Universal o al Ateneo Científico y Cultural e ingresa en la Asociación Científica, definida por él mismo como "un movimiento de agrupación que en la Universidad Central se había iniciado entre la juventud intelectual y estudiosa, ávida de cultura, deseosa de ejercitarse desde la tribuna en debates en que se pusiera a prueba los talentos y la palabra". En este ámbito se vio seducido Fernando por el poder de la palabra, la crítica y la controversia en torno a los frecuentes debates de actualidad, desarrollando las aptitudes propias para ejercitar el difícil arte de la oratoria al lado de jóvenes que ya despuntaban como Silvela, Ramón Nocedal y de reputados intelectuales como Moret, Salmerón o Echegaray, que tuvieron un acentuado protagonismo en la vida pública de la época. Su debut en la tribuna lo realizó en la Academia de Jurisprudencia, donde defendió su trabajo El cristianismo y la abolición de la esclavitud y puso de relieve sus condiciones de excelente orador.

Partidario del liberalismo, es el periodo en el que perfila su ideario político, influenciado por el doctrinarismo francés y un tanto distanciado de la corriente krausista, tan en boga en políticos de la época. Debido en gran medida a Gumersindo Azcárate, su profesor en la Universidad Central, León y Castillo creyó que la base de la democracia política debía sustentarse sobre la Monarquía Constitucional como sistema político. Él mismo afirmaba su carácter individualista, la supremacía del Estado, que debía ser garante de los derechos individuales, y la puesta en práctica de una política intervencionista. Era por tanto, contrario a la República como forma de gobierno al creerla una amenaza para la integridad del Estado ante la emergencia de corrientes políticas como el nacionalismo, el anarquismo o el socialismo.

Su interés por los temas de actualidad los simultaneó con su entusiasmo por el periodismo, la noticia y el ensayo político, lo que le llevo a colaborar en distintas publicaciones como El Imparcial, dirigiendo Las Canarias y ejerciendo como editor y propietario, junto a José Luis Albareda, de la Revista de España, publicación que condensó la cultura de una época y lugar de encuentro del pensamiento liberal, así como de novedosos estudios históricos, políticos y literarios.

Licenciado en Derecho por la Universidad Central; con 23 años ocupó su primer empleo en el Ministerio de la Gobernación, para convertirse posteriormente en Gobernador Civil de Granada y Valencia.

En Canarias refundó el Partido Liberal Canario, bajo el lema "Todo por Gran Canaria". Inició la legislatura del Congreso de 1873 gracias a su victoria en las elecciones del año anterior, en el que fue elegido Diputado por la ciudad de Guía de Gran Canaria, emprendiendo así su brillante carrera política y escalando puestos de relevancia. En 1874 es nombrado Subsecretario del Ministerio de Ultramar para, siete años después, cubrir el cargo de ministro de ese mismo ramo y de Gobernación en 1887, destinos estos que combinará con sus intervenciones parlamentarias y de Vicepresidente del Congreso en 1883.

Un tanto desencantado con la vida política y ante la propuesta que le hace Sagasta de desempeñar en París tareas diplomáticas al frente de la Embajada de España, León y Castillo no lo duda y así comienza su etapa política más fructífera a través de cuatro mandatos con intervalos entre 1887 y 1918. En el terreno internacional practicó León y Castillo una política activa intentando conseguir la presencia española en todos los organismos internacionales, superando así el aislacionismo que nuestro país cultivó a lo largo del siglo XIX. Así, aproximó España a la esfera de Francia, defendió las pretensiones españolas en África y garantizó la neutralidad ante la Gran Guerra. Sus gestiones se vieron recompensadas con la concesión a España de colonias en Río Muni, Río de Oro (Guinea) y el protectorado del norte de Marruecos en 1903. Su alta valía como negociador le fue reconocida por la Reina Regente María Cristina, quien en nombre de su hijo el Rey Alfonso XIII le concedió el titulo nobiliario de I Marqués del Muni.

León y Castillo permaneció en la Embajada de España en Francia hasta 1910, año en que se apartó de la política española, aunque siguiendo con atención los acontecimientos del momento en el contexto de la I Guerra Mundial. En 1916, volvió de nuevo a la embajada, accediendo al ofrecimiento del conde de Romanones. Dos años después moriría Fernando León y Castillo en la localidad francesa de Biarritz, el 12 de marzo de 1918 a la edad de 76 años.